El Tao que puede decirse no es el Tao eterno;
el nombre que puede nombrarse no es el nombre eterno.
Lo que no tiene nombre es el origen del universo,
lo que se nombra, es la madre de las diezmil cosas.
Desde el no-ser, se comprende la esencia;
en el ser, sólo vemos sus manifestaciones.
Ambos, esencia y manifestaciones, emergen de la misma fuente,
pero las llamamos distinto.
El origen está en la misteriosa oscuridad;
en este misterio está la puerta.